29. Despedirse

Es curioso cómo ocurren las cosas. El día que empecé el trabajo que me llevó a hacer esta pieza, no estuve especialmente lúcida y las primeras clases de aquel taller del que tanto he hablado en este blog, me costó conectar con lo que me proponían. Ha pasado tiempo desde entonces y gracias (entre otras cosas) a escribir aquí, he descubierto que suele costarme arrancar. Tal vez empecé el trabajo en serio en la tercera sesión. De lo que hice en esas semanas, salió este proyecto. En el camino hubo una residencia, conocí a varios amigos, expuse mi trabajo y empecé más proyectos que han ido concatenándose. El último de ellos copa mis días. Es una revista para niños que se llama La Leche

De mi retablo, aún me queda por hacer a un profesor. En la residencia lo dejé para hacerlo en casa. Luego llegó el frío, la madera se encogió y me resultaba más duro tallar. Más adelante, me quedé embarazada y golpear con un mazo un taco de madera no era lo que más me apetecía. Con el bebé, ni hablar. Misión imposible. El taco ha ido aguardando su momento, que nunca llega. Devolví el mazo y las gubias que me dejaron, tenerlas en una bolsa un año largo ya me parecía abusar de la confianza de quien me los prestó. Se secaron los colores y el retablo reposa en un estante de mi casa. El taco de madera lo hace en un cajón. No sé si talle esa pieza alguna vez. Pero hoy me apetecía decir que cierro. Lo dejo. Así se queda. Pieza inconclusa para narrar un cuento tradicional.

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